domingo, noviembre 11, 2007

Excusa

Contó los árboles que había en el camino a casa de Fabián. Ya los había contado unas 47 veces antes. O quizás más. Miró el cielo, buscando una excusa que fuera más poderosa que ese añejo amor desgastado. Una excusa para terminar con todo. Una excusa grande que la expiara de cualquier culpa. Pensó que quizás sería la última vez que contaría los árboles. Pensó que esa vez, cuando tocara el timbre de su departamento, le diría a Fabián que ya no más, que todo se acabaría. Saludó al conserje, subió algunos pisos y Fabián le abrió la puerta. Le dio un beso. Ella le dio otro. Y así siguieron. Y ella continuó contando tantas veces más los árboles. Y ella nunca encontró aquella buena excusa.